El Calcetín Rojo que se le perdió a San Nicolás

Se acercaba la fecha límite para la Navidad; y el objetivo de buscar todas las cartas de los niños de todo el Mundo, se había convertido en un objetivo casi imposible de cumplir. Los Elfos, trabajaban horas extras, pero la densa nevada de aquel invierno dificultaba el tráfico de trineos.

Muchos trineos no lograban despegar del Trinepuerto Internacional del Polo Norte, ya que, los renos se negaban a volar, aterrorizados por la intensa nieve que caía día tras día, noche tras noche.

Solo un reno, el más valiente de todos, era capaz de surfear por la oscura noche, cubierta de plateada y helada escarcha. Rodolfo, no le tenía miedo a nada, ni la nevada más intensa podía detenerle.

Ante semejante emergencia, el consejo directivo del taller de juguetes se reunió, precedido por supuesto, por su presidente, San Nicolás. Todos votaron a favor de activar el plan de emergencia, todos dijeron: – “SI”-, menos Doña Nicolasa, la mujer de San Nicolás.

Ella no estaba para nada de acuerdo, que su marido, en plena nevada, junto a sus fieles compañeros, Juanito el Elfo como copiloto y Rodolfo el Reno como único reno en frente del trineo, fueran el equipo de emergencia: “Rescatemos la Navidad”.

Rodolfo, ya era un reno mayor por no decir anciano, Juanito padecía de cataratas y no veía nada en la oscuridad; y San Nicolás, pues con todo los achaques y dolencias propias de su edad, pero lo que más le preocupaba a Doña Nicolasa, eran los despistes de su marido.

A pesar de las negativas, lloros, ruegos y reclamos de su señora, San Nicolás con su fiel equipo de emergencia despegaron del Trinepuerto Internacional del Polo Norte, con el objetivo de buscar las cartas que faltaban; y poder terminar con la producción de regalos justo a tiempo antes de Navidad.

San Nicolás, Juanito el Elfo y Rodolfo el Reno, fueron de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, buscando cada una de las cartas; el objetivo: “Buscar todas las cartas de los niños de todo el Mundo”, se lograría.

Cuando llegaron a la última parada, Rodolfo se da cuenta que no podía aterrizar en aquel techo, ya que, no tenía un trinepuerto como las demás casas; así que aterrizó en el jardín. Cuando San Nicolás saltó del trineo, sus piernas quedaron totalmente enterradas en la nieve.

San Nicolás, caminaba con dificultad por aquel colchón blanco que se había formado con la nevada. Finalmente llegó a la puerta y con cuidadosa magia la abrió. Estando en el cálido ambiente de aquel hogar sintió que sus pies estaban totalmente mojados.

Se acercó al radiador del salón, se quitó las botas y calcetines, acercó sus cansados pies a la estufa para entrar un poco en calor, mientras con su mirada recorría todo el salón en búsqueda de las cartas de los niños que allí vivían: Anna y Enrique.

San Nicolás, vio que las cartas estaban al pie del árbol de Navidad, cuando se arrodillo para cogerlas un cascabel salió de su bolsillo, rebotando y tintineando por el piso de madera, ocasionado que los niños se despertaran.

Del susto, San Nicolás cogió las cartas, sus botas y los calcetines o eso era lo que él creía, ya que, debajo del árbol de Navidad se quedaron el cascabel y uno de sus calcetines rojos. Saltó por la ventana como pudo, para evitar ser visto por Anna y Enrique.

Rodolfo, despegó a la velocidad de una estrella fugaz, Juanito era ahora el piloto del trineo y San Nicolás un poco cansado del salto por la ventana y la carrera por la espesa nieve estaba de copiloto. Se puso solo las botas, porque los calcetines estaban aún húmedos, no sabía que solo tenía un calcetín y la historia de la caída del cascabel, poco a poco se iba perdiendo en su memoria.

Finalmente llegaron al Polo Norte, con la alegría de haber cumplido su misión y objetivo: “Buscar las cartas de todos los niños del Mundo”; felices y cansados, después de la acostumbrada chocolatada con churros y roscón de cada noche, todos se fueron a descansar tranquilamente.

La mañana siguiente comenzó con mucho jaleo, había que cumplir el segundo objetivo: “Terminar a tiempo la producción de juguetes antes de la víspera de Navidad”; fecha y hora límite: veinte y cuatro de diciembre a las siete de la tarde. Además de alistar el trineo, bañar y peinar a los renos y planchar el traje de fiesta de San Nicolás.

Parecía que todo marchaba maravillosamente, hasta que San Nicolás solo consiguió uno de sus calcetines rojos: – “Dónde estará el otro?”- se preguntaba. Lo buscó por todos lados: debajo del sofá y de la cama, en cada rincón del taller de juguetes, incluso en el placard donde Doña Nicolasa, bajo llave escondía las galletas favoritas de su marido.

San Nicolás, estaba un poquito pasadito de peso; y su mujer lo había puesto a régimen. Cuando a escondidas buscaba alguna galleta, siempre dejaba olvidadas las gafas junto al bote, de esa manera Doña Nicolasa descubría el asalto al placard y las glotonerías de su marido.

Pero tampoco estaba allí el calcetín perdido, ya tenía más de una hora buscando su calcetín rojo. –“Nicolasa se enfadará mucho cuando se entere de que he perdido uno de los calcetines rojos”- pensó San Nicolás. Habían sido el regalo de Aniversario de bodas de ese año, y ya, él con su mala memoria lo había extraviado.

No tuvo más remedio que decirle que no sabía dónde había olvidado uno de sus calcetines rojos, lo buscó por cada rincón de la casa y el taller de juguetes, pero sin ningún éxito. Doña Nicolasa frunció un poco la boca y la frente, como suele hacer antes de comenzar con el discurso a San Nicolás, cuando deja las gafas junto al bote de las galletas, pero era víspera de Navidad; y había que salir a repartir los regalos.

Así que, Doña Nicolasa no le regañó mucho, le besó en cada uno de sus rosados mofletes y le dio otro par de calcetines, estos eran verdes: – “Viejito, para que te traigan mucha suerte esta noche”-. San Nicolás, su copiloto Juanito el Elfo y la cuadrilla de renos con su líder Rodolfo, salieron a surfear la oscura y helada noche de aquel veinte y cuatro de diciembre.

Las entregas habían sido rápidas y sin mucho contratiempo, con sus paradas respectivas de descanso y disfrutar una taza de leche caliente, galletas y pasto fresco para los renos. Solo faltaba la casa de Anna y Enrique, la que no tenía trinepuerto. San Nicolás recordó que había tenido que quitarse las botas porque sus pies estaban totalmente mojados, después de que sus piernas quedaron enterradas en la espesa nieve.

Cuando entró al salón, recordó el cálido ambiente de la casa de los niños, fue directo al árbol de Navidad para dejar los regalos de Anna y Enrique; para su sorpresa, a los pies del pino había un paquete con un gran moño rojo, que decía:

Para: San Nicolás

De: Anna y Enrique

– “Gracias San Nicolás, por los lindos juguetes que cada año nos regalas, aquí está tu calcetín rojo y el cascabel que dejaste el día que buscaste nuestras cartas; también una bufanda que mamá te tejió y un bote de galletas de chocolate. Con Amor, Anna y Enrique. –

San Nicolás, dibujó una amplia sonrisa en su rostro y su corazón se hinchó como un globo, de lo contento que estaba. Su calcetín rojo estuvo siempre en la casa de los niños. Además, aquel dulce y rosado abuelito, que cada año repartía miles de regalos y juguetes por el mundo, había recibido un regalo, por los niños que él cada año visitaba su casa en la noche de la víspera de navidad.

Esa fue, la mejor Navidad que recordaba San Nicolás, cada día, su memoria como una vela se iba apagando, pero en su corazón siempre atesoró aquel hermoso recuerdo, cuando Anna y Enrique le regalaron su calcetín perdido junto a una bufanda y un bote de galletas de chocolate.

San Nicolás, con el pasar del tiempo, recordaba menos cosas, pero nunca olvidó los niños de la casa sin trinepuerto.

Una adivinanza vestida de historia.


El abrazo del sol mientras disfrutábamos un café en cualquier banca de Plaza España.

El aroma de la hierba buena y el calor de una sopa de pollo en algún sitio por el camino del Hierro.

El globo convertido en flor y otro dentro de un sobre azul que servía de amuleto de buena suerte.

El libro que descubriste que me gustaba y la taza de café con el corazón que cambiaba de color.

La canción de la campana de casa, cuando llegabas con un saco lleno de chivas. Aquellos modelitos que la prima de tu amiga, que es cuñada de la hermana de tu vecina ya no usaba.

Vestidos para recibir el año nuevo, pantalones de colores, camisetas y chaquetas, algún bolso nunca faltaba.

Nuestros momentos en la fiestas de la Cruz de Mayo , Plenilunio, inicio y fin de verano, invierno y Carnaval, escuchando Salvapantallas y Ni 1 Pelo de Tonto en la Plaza la Candelaria.

Las tardes de Domingo, la tarta de galletas y el tupper con croquetas acompañados y celebrados con nuestra amistad.

Tenían sabor a mojo verde y rojo, papas arrugadas, gofio y vino dulce de la tierra.

No podían faltar las arepas.

Con perfume a tierra, sal, lava y nieve, con una extensa paleta de colores, con la bendición del Cariño, la sonrisa eterna, el siempre estar más allá de la distancia, del tiempo.

Con nombre de «Sarita», la tortuga que me dijiste que cuidaría solo en verano, para después decirme «debo Marchar, me han destinado fuera de la isla chicharrera».

El dulce aroma de la piña sobre un hermoso bizcocho y el color naranja del Almogrote que llegaba de la Gomera.

El taxi donde venías con una bandeja de canelones para compartir en Noche Buena y aquel aroma embriagador de chocolate el día de la Cabalgata de Reyes.

La música que nació en el malecón de Cuba y que bailábamos en la escuela , justo al lado de las vías del tranvía, muy cerquita del teatro, de la playa, de la arena.

Un pañuelo, rosquetes y roscones, calendarios, amuletos y escapularios, cajas de galletas, otras de bombones, un cortado, un Barraquito con mucha leche condensada y canela.

El buenos días , las buenas tardes, la llamada , el mensaje, la compañía, el apoyo, las sonrisas, el abrazo que acompañaba las lágrimas, las risas, los sábados en la tarde haciendo manualidades, los domingos en la cocina de tú casa o en la falda del Teide entre pinos y fogatas.

Y tal vez no lo he descrito como debiera, tal vez algo se me ha quedado por fuera, en este cuento adivinanza.

Un cuento que busca dibujar en la imaginación un regalo, un regalo a la Canaria.

La Magia existe…

La magia existe…

En los ojos furtivos que buscan una mirada y con palabras mudas rompen el silencio con pensamientos que solo la vista escucha.

La magia existe…

En cada frase escrita en los folios de la vida, con sus pausas: puntos, comas y suspensivos.

La magia existe…

En la canción que la inocencia de un niño descubrió; y es mágico el momento cuando dice: «escucha esto que me gusta».

La magia existe…

En cada sonrisa tontamente dibujada, en un rostro cuyos pensamientos navegan los mares del recuerdo.

La magia existe…

En cada «si» con camuflaje de «no»; y que por medio de artilugios, pociones y hechizos se logra su transformación.

La magia existe…

En cada recuerdo que regresa en el tiempo y en cada tiempo que regresa en el recuerdo.

La magia existe…

En cada abrazo y beso obsequiado, en cada mensaje inesperado, en cada saludo espontáneo.

La magia existe…

En la oración callada del alma con la mirada más allá de la Luna y las estrellas.

La magia existe…

En el corazón que sin importar las circunstancias, sigue enamorando a la ilusión con fe y constancia.

La magia existe …

En el suspiro que deja la añoranza, cuando con alegría y nostalgia; el cariño quiere ignorar a la distancia para llegar a los brazos del que se extraña.

La magia existe …

En el camino que recorre «la diferencia» y se encuentra la parada de guaguas «En común».

Existe la magia! No es una quimera, un invento o ilusión.

La magia es realidad en la vida, es aquella dama que paciente espera, que su amado quede eclipsado con su belleza; y su corazón hechizado con sus pociones de amor.

A mi amada…

Sabía que existías pero no te conocía; y cuando te conocí iba cantando aquella melodía: «llevo tu luz y tu aroma en mi piel», la cantaba día a día, noche a noche, mientras en mis brazos mecía los niños que después te entregué.

Si, te los entregué, porque sin darme cuenta te llegaron a querer más que aquella que me enseñó que éramos hermanos de la espuma, de las garzas y de las rosas.

Te llegaron a querer tanto que hoy que lejos de ti estamos, en algún momento me preguntan: Mamá, cuando la vamos a ver?; y bajo su mirada inocente yo también aprendí a quererte.

El perfume y aroma que ya en mi piel llevaba se embriagó con tus besos de salitre, sin darme cuenta mis ojos se llenaron de tu fuego; y mis pasos dejan la huella de la calima que cuando de tí me despedí, me traje.

Fue difícil despedirme de aquella que me regalaba melodías del cuatro cada mañana al despertarme, no creí que mucho más me costaría decirte hasta luego, a pesar de saber que no estamos tan lejos.

Puede que la ternura y la alegría con la que acompañaste nuestros días sea lo que más extrañe, o tal vez aquella mano permanentemente extendida en los días no tan fáciles, quizás el «buenos días» cada mañana incluso cuando no me conocías, el siempre estar en compañía aunque a mi lado no hubiese nadie.

Eres mucho, eres todo, eres grande, eres el más hermoso recuerdo y amor que en la distancia no deja de crecer, eres aquella quien nos enseña que somos diferentes y ese es nuestro sello incomparable.

Somos muchos los que llegamos a tí con otros sabores, con otros recuerdos y distintos colores, cada uno trajo consigo lo mejor que podíamos darte, pero tú Canarias nos acogiste y como uno más nos trataste, poco a poco nos enamoraste.

Aunque hoy no estoy contigo, en mi corazón atesoro cada uno de los momentos que junto a tí viví, las personas que me regalaste para que cada una ocupara el puesto de las que en el pasado me despedí.

Feliz me siento cuando digo que tengo dos tierras a las que amo con locura, que sigo despertando cada día y en mi mente saludo a mí majestuoso Ávila, pero también mi café de cada mañana tiene aroma a calima, salitre, higos picos, drago y arenas de ese otro gran amor: El Teide.

Felicidades en tu semana mi amada Canarias!!!! .

Palabras vestidas de blue jeans y zapatos de goma

Tal vez ya lo sabes, pero te observaba desde lejos, quizás tú también me observaste. Te observaba intentando ignorar tu presencia, si no te veía me hacía de cuenta que no existías.

Y así pasaban los días, queriendo pasar por alto mis sentimientos hacía tí, prefería creer que estabas lejos, inalcanzable, una relación imposible.

Incompatibilidad de momentos, vidas a destiempo, palabras dichas al silencio, creencias con las que construí un abismo entre ambos.

No sé en qué momento todo cambio, tal vez tú lo sabes mejor que yo, mandaste mensajeros que sin nombrarte lograron que te viera distinto.

Me planteé la posibilidad de dejar de ignorarte, ignorarme, ignorarnos; y comencé a escucharte, cerraba mis ojos para intentar comprender que decían tus palabras.

Un día me llené de valor y pregunté: Qué quieres de mí? , Fueron muchas las veces que te puse a prueba, muchas las veces que te pedí respuestas, innumerables los momentos en los que me enfadé, preguntando : Por qué yo?, Por qué a mí?.

Las respuestas… te pedí mil veces respuestas, creía que no me las querías dar… ERROR!!!! El mío, si me diste respuestas, pero no eran las que yo quería escuchar.

Y en mi incansable intento de seguir intentando me enseñaste sobre la paciencia, que todo tiene un tiempo, un orden y un momento, me enseñaste sobre el amor.

Comprendí lo que siempre me decías pero yo no quería escuchar, comencé a sentirte más cerca de mí aunque no te viera y te deje entrar.

Comencé a verte en mis sueños, sin necesitar palabras para hablar contigo; y solo el viento era necesario para conectar mi corazón al tuyo.

Y cuando sueño despierta y escribo historias en mi imaginación te veo como una persona de esta época, viajando por el mundo queriendo dar a conocer tu mensaje.

Serías profesor, tal vez un artista, convirtiendo tus ideas en tu mayor obra, las más bellas, las más hermosa.

Regalarías tus palabras al viento vestido de blue jeans, caminando con zapatos de goma. Sonriendo entre cada palabra pronunciada, sobre el amor, la fraternidad, el compromiso, la bondad.

Y yo en mi meditación activa , mientras camino y en mi mente te veo hablando sobre el amor, vestido de blue jeans y zapatos de goma comienzo a sonreír también.

Al final de cada día solo me queda decirte, gracias por estar allí, siempre confirmaré tu existencia y tu presencia en mi corazón, confirmaré que no tengo que verte para amarte, gracias a ti he logrado caminar por aquella ruta que obstinadamente decidí emprender.

Espero que sigas siendo mi guía de camino, porque sin ti el camino no sería igual.

Gracias señor Jesús…

Ni de aquí, Ni de allá, de tods’lados …

Desde pequeña me gustó la música de la década en la que nací: los 80; puede ser que desde el cielo vine con los cascos, el walkman y el cassette entre los pañales; y mi cantante favorito, Franco de vita.

Todas sus canciones son historias de la vida de cualquier persona, imagino que muchas de su historia personal o cercanas a él. Una de sus canciones, toca muy de cerca a cada persona que sale de su tierra, Extranjero.

En esta canción, pero con otras palabras explica que el que se despide de su tierra, por la razón que fuera no es: ni de aquí, ni de allá, es de tods’lados.

Este año cumpliré 5 años fuera de Venezuela; y con la ilusión renovada que la brisa nos trae desde el Caribe, me llegué a preguntar: Algún día volverías?.

Mi respuesta siempre será sí, no sé si para volver y comenzar desde cero o simplemente de vacaciones y poder llenar mis ojos del verde del cerro Ávila, perfumar mi piel con el salitre del Mar Caribe, disfrutar de la compañía y el calor de los Venezolanos.

Por otro lado, muchos extranjeros , comenzamos hacer una multiplicación del tiempo un poco extraña, en mi caso 5 x 5, 5 años sin ver a Venezuela, 5 años sin disfrutar de sus paisajes, pero también 5 meses de haberle dicho hasta luego a Canarias; y es que Canarias se hace querer muy rápido, se te mete sin darte cuenta en el lado izquierdo del cuerpo, logrando que también la extrañes.

Extrañes la mezcla de aromas entre el Mediterráneo y la lava, el sabor ahumado del gofio y el queso de cabra, el aroma frutal de sus vinos, el saludar y los cuentos en cada una de sus esquinas.

Tío Simón decía que su querencia era el monte, la mía son dos hermosas mujeres, vestidas de tricolor, una lleva sobre su pecho siete hermosas estrellas (para mí siempre serán 7) y la otra en su hermoso traje azul ocho perlas; no puedo dejar a la Graciosa por fuera.

No soy de allí, no soy de allá, soy de tods’lados y mi rostro se ilumina con una sonrisa teñida de 6 colores, 7 estrellas y 8 perlas.

Preparados, listos, fuera … Para un nuevo comienzo

El calendario anuncia que solo quedan 4 días, para decirle hasta pronto a una tierra hermosa que nos dió cobijo, amor, amistad, lealtad, fraternidad y muchas cosas más.

A pesar de estar viviendo en Madrid hace 2 meses, el hecho de que cada 15 días, pasara 1 día y medio en el Archipiélago, sentía como si aún no me hubiese ido, mentalmente no había todavía empacado mis recuerdos, aromas, sabores y quereres de aquel punto en el Atlántico.

Viví con mi familia en un Archipiélago, no sé, si sus islas son las más hermosas del Mundo, puede que existan otras playas, montañas y paisajes más bonitos que Canarias, pero para mí , el Archipiélago Canario es el más hermoso que puede existir.

Fueron 4 años, donde vivimos millones de aventura, recorrimos la falda de un volcán que en su interior vive un Moustro llamado Guayota, caminamos descalzos por un desierto de arenas blancas, donde crecían flores en forma de cometas que bailaban con el viento, nos fuimos de Safari y vimos elefantes, también saltar ballenas y escuchar una canción hecha silbido, disfrutamos de los mejores carnavales del mundo, comimos en los mejores Guachinches, dignos de estrellas Michelín, sin olvidar la recogida de piñas y castañas en el monte.

Conocimos a grandes personas, que después se convirtieron en amigos y familia.

Las islas Canarias, aquellas 7 casas en el Atlántico, es un lugar que en cualquier plaza o calle te sientes como en el salón de casa.

Y es que los Canarios somos tan simpático y alegres que siempre nos saludamos, con dos besos y un abrazo, llegar a donde quieres ir, si es caminando, puede llegar a ser un viaje muy largo, porque en Canarias todos nos conocemos, todos somos amigos.

Y no importa si eres de Tenerife, Gran Canarias, el Hierro, La Gomera, Fuerteventura, Lanzarote o La Palma porque al final somos 7 o mejor dicho 8, con La Graciosa; todos al final somos uno sobre el Atlántico.

Si hace 4 años me hubiesen dicho que esta Venezolana amante del Ávila se sentiría Chicharrera, no me lo creía, muy orgullosa comento en este punto cardinal las «Bondades de mis tierras», la que me vio nacer y crecer y la que muchos años después me acogió.

Una vieja frase de la tierra que me trajo al mundo dice : «El Venezolano sale por Maiquetía con dos maletas llena de ropa y un contenedor cargado de sueños» .

Así salimos nosotros, 6 maletas, 2 niños , 2 adultos , algunas carpetas con papeles debajo del brazo y un contenedor lleno de sueños, objetivos, esperanzas y metas por cumplir. Nos montamos en la Guagua aérea rumbo a Tenerife , 4 años después nos montamos en otra guagua rumbo a Madrid, con las mismas ganas, sueños y objetivos.

Gracias Canarias por todo!!!! Quererte es poco !!!! Has logrado que mi corazón se divida en dos para poder atesorar el verde intenso del Ávila y el color de negro lava de Echeyde.

Por siempre Chicharrera de corazón!!!

Andaban sin buscarse

Andaban sin buscarse, el destino los encontró; y no hizo falta palabras cuando el tiempo dejó descansar las manecillas del reloj.

Como la estrella más grande, los destellos de una mirada a otra eclipsó, el silencio decidió romper todas las reglas y llenar el viento con sus palabras que nadie escuchó.

Unos ojos que hablaban, unos labios que miraban y pieles que escribían en la nada palabras y deseos que nadie podía leer.

Pensar que no andaban buscándose cuando se encontraron, en un mundo donde el reloj no tiene tiempo de descansar, el silencio no tiene permiso de hablar y las miradas poco se encuentran al pasar.

Sin buscarse andaban cuando andando estaban, no se sabe que buscaban cuando el destino decidió buscarles, para que andando juntos buscaran.

Buscaran razones o tal vez motivos, buscaran la oscuridad y la luz de aquel eclipse, o tal vez palabras en un silencio perdido, en un tiempo cansado de manecillas de reloj mover.

El silencio repetía, no todo necesita tener sentido, el silencio puede hablar y las palabras callar, los ojos pueden decir y los labios mirar, la piel puede gritar al infinito todo lo que su alma no quiere callar.

Andando sin buscarse hay muchas almas en el mundo, muchas veces se consiguen, pero los ojos aunque estén despiertos no se encuentran.

Andaban sin Buscarse y el universo conspiró …

Explosión de ideas y colores

Faltan solo cinco días para cumplir un mes en Madrid, he tratado de organizar mis ideas para poder describir este tiempo aquí, pero es muy difícil. Las frases, pensamientos y recuerdos de cada momento llegan a mi memoria, todos de golpe, todos quieren ser el primero en ser contado, ninguno quiere quedar por fuera del relato, así que si mi historia la encuentras desordenada, es porque mis ideas están saltando en mi cabeza y no se quedan tranquilas, explotan y brillan como los colores de los fuegos artificiales sobre el cielo.

Es bonito cada día tener la oportunidad de abrir los ojos, ya que, disfrutamos de una nueva experiencia, un momento que nos enseña y nos hace sentir que vale la pena, por más sencillo que sea, hay situaciones que llegan, sin saber la razón, muchas veces no la sabemos tiempo después que pasó.

Hace tres semanas que llegué a Madrid; y a pesar de haber nacido en Caracas, Madrid se me hacía al principio muy grande, la primera semana era impensable que me saliera de mi ruta en el subsuelo madrileño, mi camino de seis parada, línea 10, color azul, de Begoña a La Granja, de La Granja a Begoña.

Los primeros días, las noches eran muy tintas y mis ojos no lograban ver el brillo plata de las estrellas, mis cinco sentidos estaban multiplicados por mil y el verano que se negaba a dejarnos, pintaba mis mejillas de un rojo algo perlado.

En esas primeras semanas descubrí que los vegetales no solo eran verdes; y convertí mis platos en la paleta de un artista, llenos de vida, frescura y color, me di cuenta que podía vivir sin comer carne.

Cada día, en mis horas que se multiplicaban a pesar del trabajo y de despertarme mucho antes que el sol, también borré de mi disco duro viejos archivos y paradigmas que tenía almacenado, dicen y yo así lo creía, que la convivencia es muy difícil, a pesar de que en mi vocabulario sobran palabras; y faltan horas a mis días para yo decir todo lo que quiero decir, uno de mis paradigmas, es que tengo como todo ser humano mis particularidades, que tal vez hagan no tan sencilla la convivencia, pero después de retroceder en el tiempo y compartir piso, me di cuenta que mis particularidades hacen la convivencia fácil para cualquier ser humano.

Tenía cuatro años sin tocar un ordenador a nivel profesional, sin pisar una oficina, durante ese tiempo cambié los tacones por zapatos de goma, los pantalones de tela por los vaqueros, mi cabello suelto por recogido, los papeles y bolis por «l’expresso».

Nunca pensé que podría tener la agilidad de llevar con dos manos tres tazas de café, poder hacer cuatro bebidas calientes, al tiempo que hacía un horneado de pan y atendía la caja, durante ese tiempo lo logré. Pero después pensé que volver a una oficina me sería muy difícil, la tecnología no dejaba de avanzar y la nueva generación de los millennial, experimentaba un constante y muy acelerado crecimientos en nuevos conocimientos y herramientas, que van dejando fuera de combates a muchos. Eso también lo logré, volví al ámbito empresarial y a pesar de que comparto el mismo terreno con personas unos quince años menos que yo, he podido llevar el mismo ritmo que ellos, la edad y experiencia da un grado también.

Y hablando de edad, Madrid es una ciudad para recorrerla en transporte público, grandes y chicos ya tienen muy entendida la tarea, así que la guagua y el metro es el medio de transporte por excelencia, da gusto ver a personas de juventud avanzada usar mejor que nadie este medio; y como conservan el sentido de «caballerosidad» intacto.

Hoy fui a visitar a mi amiga Sor Lourdes y cuando llega el autobus quise dejar pasar primero a un caballero, sus cabellos ya se teñían de blanco. Con mi gesto de «pase usted adelante» el señor se sonrió y me dijo : «puede que sea yo como su abuelo, pero usted es una dama, así que la que pasará primero será usted», en ese momento la que me reí fui yo.

Sé que no escribo tanto como solía escribir, aunque trato de publicar casi a diario, ayer me dijeron, no sé si por mis publicaciones o porque realmente lo piensa: «Cuando des conferencias motivacionales recuerda que te dije que lo lograrías» , apartando el detalle de que sembraron en mi una nueva semilla que puede que se convierta en árbol, me di cuenta, lo importante que es que alguien crea en nosotros, que eso puede llegar a ser la gasolina que encienda nuestro motor, pero después debemos creer en nosotros mismos, eso nos llevará directo a las estrellas.

Como les dije esta historia sería una explosión de ideas, que van de atrás hacia delante, así que para terminar por hoy recordemos: «El límite las estrellas» ; y si una Caraqueña que estudió Administración en su Venezuela de antaño y durante cuatro años hizo café, pudo volver a trabajar entre números y clientes en una oficina, no de Caracas, sino de Madrid , cualquiera puede.

Hoy leí que la disciplina es más importante que la motivación, en realidad no sé cuál es la más importante, solo sé que lo único que nos lleva directo a la meta es el empeño que pongamos en las tareas diarias para alcanzar el objetivo.

Así que sueña en grande, trabaja duro, obstáculos ninguno y el límite el firmamento lleno de luces.

Para todo lo demás siempre tendrás 365 nuevas oportunidades llenas de colores en tu vida.

Línea 10: un viaje en 6 paradas.

El otoño trae consigo un cóctel de temperaturas, las mañanas son frescas, al salir el sol está un poco caluroso y con su despedida hasta el día siguiente, vuelve la brisa que me acompaña cada mañana por las calles de Begoña hasta la estación del Metro.

La línea 10, color azul, como aquel Caribe del cual me despedí 4 años atrás; y como el Atlántico, del cual todavía tengo su perfume en mi piel.

Innumerables historias se desarrollan en el subsuelo de Madrid, cuentos y relatos que llegan a mis oídos, logrando que pierda el hilo de mi lectura; y dibuje líneas curvas ante aquellas historias, escritas con las plumas de distintas voces, durante 6 paradas del gusano de color blanco sobre los rieles.

Hay amigas que se cuentan la tragedia de cuando se adopta una mascota:

– «Es una decisión muy importante y que cambiará tu vida totalmente.

– Si te decides es mejor que adoptes un gato, he leído en internet que duermen más de 18 horas al día, se cuidan casi solos».

La otra amiga, muy atenta del consejo que le daban, responde:

– Mi novio ha llegado a casa con la mascota que tenía con su expareja, la perrita era muy mona, dulce, super cariñosa, pero solo de pensar que era de su exnovia me entraba…. Me ponía… Pues que me enfadaba muchísimo… Pero no pude hacer nada… Mi novio me dijo: Si quieres que decida, pues escojo a la perra»

Y con esta primera historia venía mi primera sonrisa!!!!!

Un par de cuentos que se mezclaban con otros, da paso a un segundo diálogo, que el viento cargado, de la línea 10 me regaló:

– «He conocido Budapest , todo bello, la comida riquísima, las personas amables, un poco extrañas pero amables, en fin, fue un viaje inolvidable»

La otra persona que miraba a su compañero con atención le responde:

– «La señora que trabaja en mi casa desde que yo era una niña es turca; y dice que no hay gente más rara que los de Budapest, si ella lo dice por algo será»

Mi cara sigue teniendo la misma sonrisa; y en mi interés de seguir conociendo a mis compañeros de viaje, en el tiempo que nos permite nuestro gusano sobre rieles, sigo buscando entre el mar de rostros nuevas historias.

Me consigo otras personas como yo, con el libro y la tarjeta de transporte en la mano. Otros, con cascos en sus oídos y viendo desde su móvil una película, viajamos solos o mejor dicho, con la compañía de las letras y las notas musicales.

Escucho también las risas contagiosas de los niños que viajan con sus padres y a veces me encuentro con los besos cómplices entre miradas y sonrisas de parejas jóvenes, he visto también algún rostro con una lágrima rodando por una mejilla, con la mirada fija en algún punto del espacio, con su pensamiento… Eso nunca lo sabré, aunque podría hacer varias hipótesis.

En fin, cada mañana y cada tarde, aproximadamente 30 minutos en cada momento, tengo el placer de disfrutar del mejor audiolibro que se pueda escuchar.

Está lleno de vivencias , creencias, culturas , saberes y no saberes; y aunque sean diálogos, cada persona está metido en su mundo y desde allí, construyen un tiempo en el espacio, que al final logra un orden y un objetivo oculto: Dibujar en mi rostros sonrisas y regalarme material para escribir.

Nota para culminar estás líneas: El año pasado en un taller de escritura creativa para aficionados del festival Índice en la ciudad Chicharrera, la profesora decía: «Para tener inspiración hay que escuchar las historias de nuestro alrededor».

Hasta próximas líneas o próximos viajes en el subsuelo de la ciudad Madrileña.